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Xerojardinería, definición de hidrozonas, planificación y más soluciones de jardinería adaptada al cambio climático

La semana pasada - en el marco del proyecto ADAPTA BIOFILIA que ejecuta el Área de Desarrollo Sostenible de Diputación de Badajoz con el apoyo de Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica – se celebró en el Centro de Capacitación en Sostenibilidad y de Educación Ambiental de la Cocosa el curso “jardinería adaptada al cambio climático”.

En esta entrada, compartimos algunas de las cuestiones que se abordaron en el curso y que pueden ser de interés para profesionales del sector:

  • Xerojardinería: tipo de jardinería que busca la autosuficiencia. Está relacionada con planificar un jardín considerando el criterio de hacer un uso racional del agua. Por este motivo, en estos jardines, no habrá grandes extensiones de césped ni abundarán las flores o plantas exóticas que requieran mucha agua; no obstante, sí que podrán observarse variabilidad de colores y contrastes que pueden conseguirse a través del diseño de hidrozonas.
  • Hidrozonas: zonas del xerojardín que tendrán diferentes requerimientos; aunque siempre nos deberemos adaptar a los recursos de que disponemos y al territorio en cuestión, dentro de la xerojardinería se establecen 3 hidrozonas que deberán tenerse en cuenta en la planificación y diseño del jardín.
  • Hidrozona 1: requiere de muy poco riego y sólo se suele realizar al principio. No necesita un sistema de riego. Entre las especies que pueden utilizarse aquí están la adelfa, la retama, el tomillo, el romero, el cantueso, el ciprés, el pino, la olivilla, entre otros. Esta hidrozona se recomienda que ocupe el 60% de la superficie del jardín.
  • Hidrozona 2: requiere de riego moderado. Aquí sí debe incorporarse un sistema de riego por goteo. Se utilizan plantas que aguantan bien las sequías. Entre ellas, pueden utilizarse, por ejemplo, durillo, hiedra, madroño, etc. Se riega sólo en períodos de sequía; al cabo de 4 – 5 años, estas plantas pueden incluso ser autosuficientes. Se recomienda que esta hidrozona ocupe entre el 30 – 40% de la superficie.
  • Hidrozona 3: es una zona de alto consumo de agua. En ella se pueden incorporar determinadas plantas más “vistosas” y/o exóticas, césped y/o también puede optarse por una pradera natural que necesitaría riego por aspersión cada 3 ó 4 días. Para esta zona se utilizará el 10% de la superficie.
  • Control de plagas: en relación a las plagas, en general, se está de acuerdo con la idea que gran parte de las plagas no se pueden erradicar pero sí se pueden tener bajo control. Diseñar un jardín que contenga una amplia biodiversidad es un factor de protección frente a la proliferación de plagas. No es lo mismo, por ejemplo, contar con una o dos palmeras combinadas con muchas más especies que contar con exclusivamente palmeras que terminarán por morir con la plaga del picudo rojo.
  • Tratamientos alternativos: algunos de los tratamientos alternativos que se identificaron en la acción formativa son: aceite de neem, extracto de ajo, jabón potásico, aceite de verano, cola de caballo, apisan, Bacillus thurigensis, etc.
  • Suelos: otra de las cuestiones a tener en cuenta es la calidad de los suelos en los que se asientan los jardines y zonas verdes. Así, se abordó una técnica conocida como mulching o acolchado que resulta ser muy beneficiosa para los suelos.  Sirve para mantener la humedad en la tierra, evitar que aparezcan las “malas hierbas” – que no son tan malas -, favorecer el desarrollo de microorganismos que son muy beneficiosos, aportar materia orgánica a la tierra una vez que el acolchado se va descomponiendo (compost) y proteger a las raíces frente al frío del invierno. Para hacer el acolchado se puede utilizar paja, pasto, hojas, serrín, restos de poda – trozos pequeños triturados -, hierbas arrancadas, hojas secas, restos de césped cortado, etc. Si se utilizan malas hierbas arrancadas, éstas deberán incorporarse secas y sin semillas para no favorecer su desarrollo.

Además, es importante considerar el drenaje del suelo así como los nutrientes con que cuenta el mismo, especialmente, nitrógeno, fósforo y potasio.

¿Qué es una lombricompostera y por qué puede ser interesante tenerlas en zonas verdes?

Una lombricompostera es un utensilio con el que se puede elaborar humus y/o abono (lixiviado) de alta calidad. A través de un método de compostaje pasivo. Se introduce la lombriz roja o lombriz californiana en restos de materia orgánica para su descomposición y fermentación y una vez creado el abono, se utiliza para los suelos. Proporciona a los suelos permeabilidad para el aire y el agua, aumenta la retención del agua y la capacidad de almacenar y liberar nutrientes requeridos por las plantas y presenta una alta carga microbiana que resulta de la actividad biológica del suelo.

Ofrece numerosas ventajas al suelo, especialmente, como aporte de nitrógeno.

En primer lugar, se agrega materia orgánica, desechos orgánicos (por ejemplo, restos de poda) cada día en una caja y se tapa con tierra. Después de una semana, se introducen lombrices y se sigue añadiendo materia orgánica fresca mientras que las lombrices se reproducen y comen los desechos y después de dos o tres meses se puede empezar a cosechar.

 

 

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